jueves, 18 de marzo de 2010

Léolo

Director: Jean-Claude Lauzon
Año: 1992 País: Canadá Género: Drama/Fantástico Puntaje: 10/10
Interpretes: Maxime Collin, Gilbert Sicotte, Ginette Reno, Julien Guiomar, Giuditta del Vecchio, Denys Arcand y Pierre Bourgault

He preparado este post con tanta dedicación, ya que se trata de mi película favorita. Léolo (Maxime Collin) es un niño que vive en un humilde barrio de Montréal, atrapado en una cruda existencia. Cada noche intenta escapar de ella entregándose a sus desordenados recuerdos, sueños y desbordante imaginación. Vive obsesionado por una vecina, Bianca, una bella joven italiana y la realidad se interpone a menudo en su mundo onírico, principalmente debido a su estrambótica familia. Su padre está obsesionado por la salud intestinal de todos en la casa, su hermano es un físicoculturista que vive preso del miedo, y además tiene dos hermanas que padecen trastornos mentales, un abuelo a quien nadie presta demasiada atención y una madre enorme que domina el microcosmos familiar. Todo esto puede hacer pensar que nos encontramos ante un precedente de “Amelie”, ya que vemos el mundo como lo ve su protagonista. Pero dejando esto de lado, una década antes de que la Poulain buscase su fabuloso destino, “Léolo” hizo esto pero añadió también una forma mucho más trágica, divertida y escatológica de ver la materia de la que están hechos los sueños, por que son los de alguien que se sabe destinado a perderlos. Una experiencia de la locura. Lo que alberga “Léolo” en su psicótico corazón es un análisis, trasladado a las estructura del propio filme, de la demencia de un muchacho que trata de huir de una enfermedad, de luchar contra ella, a la que parece irremisiblemente destinado, como el resto de los miembros de su familia. El filme es un retrato de la locura realizado desde la subjetividad, narrado en primera persona a través de las cartas que para el niño suponían el único refugio para la enfermedad.

El 10 de agosto de 1997 una avioneta se estrelló en los bosques del norte de Québec. Sus dos únicos tripulantes, una joven pareja, murieron en el accidente. Ella era modelo y conductora de un programa de televisión, se llamaba Marie Soleil Tougas. Él se llamaba Jean Claude Lauzon y era director de cine, su filmografía era breve, apenas 2 películas, “Un Zoo Le Nuit” (1987) y “Léolo” (1992). Y aunque ésta última es una de las películas más bellas filmadas, es muy probable que el nombre del director no te sea familiar. De hecho, no sería de extrañarse que tampoco hubieras visto la película. No existe edición en DVD, la versión VHS es joya de coleccionistas. Ni siquiera existe el soundtrack, a pesar de ser uno de los más atractivos que me vienen a la memoria (Tom Waits y Lorena Mckenitt). Es como si las circunstancias hicieran un esfuerzo para sepultar a “Léolo” en el olvido. Un esfuerzo inútil por cierto, ya que la película goza de una amplia y fiel audiencia que la hace circular en copias pirata, muchas veces grabada de la televisión; se han escrito ensayos e incluso libros sobre la película; se le ha analizado desde el psicoanálisis y desde la sociología; el impacto de su discurso narrativo y cinematográfico ha derribado las fronteras que le ha impuesto la falta de difusión. De hecho, por primera vez en mucho tiempo puedo utilizar el término “de culto” sin sentir que estoy usando una palabra vacía. La carrera truncada de Lauzon habría sobrepasado a gente tan admirada como Lars Von Trier, por poner un ejemplo de alguien capaz de haber creado un estilo propio (con todas las limitaciones y campañas de marketing que el "Dogma" lleva consigo). Jean-Claude Lauzon rodó "Léolo" y el Destino debió pensar lo que Leonardo da Vinci le dijo a Miguel Angel después de ver su Rafael: Después de esto, sólo te espera el declive. Y el Destino no tuvo ningún reparo en servirse de esa avioneta para cortar la carrera de Lauzon y dejarnos a todos los que consideramos "Léolo" una obra maestra esperando una continuación que jamás llegará.

“Léolo”, es una película extraordinaria. Es apasionada y apasionante, salta de una imagen poderosa a otra y otra, sin dar tregua al espectador, pasando del lirismo al desenfado, de lo escabroso a lo romántico, de lo brutalmente concreto a la ensoñación onírica. La pantalla arroja las vísceras de Jean Claude Lauzon, en la visión tan íntima y barroca que ofrece de la infancia, e incluso en el nombre y el fervor por la escritura, similares a los suyos, de su protagonista. No extraña que formara parte de la encuesta internacional de la revista “Sight and Sound” sobre las 75 joyas escondidas del cine. Léolo es bellamente caótica, desordenada, dotada de tantos registros mezclados y superpuestos, que abarcan influencias de Jean Vigo y del Truffaut de “Los Cuatrocientos Golpes”, en la complicidad con el niño, solo contra el contexto hostil, y a la vez elevar al paroxismo ciertos elementos de “Delicatessen” (1991), primer largo de Marc Caro y Jean Pierre Jeunet, contemporáneos de Lauzon. Ellos comparten el apego por la atmósfera recargada, donde el énfasis en los cuerpos voluptuosos, casi desfigurados, potencian las grotescas situaciones que experimentan sus criaturas. Pero a diferencia de “Delicatessen”, que recuerdo como un hábil divertimento, esos rasgos, sin perder el toque de humor negro, aparecen en “Léolo” convertidos en factores dramáticos densamente procesados. "Léolo" no deja de resistirse. Podría empezarse diciendo que es una película intensa en la que no hay tiempos muertos. Hay en su estructura una tensión continua que parece reflejar cierta urgencia por parte de Jean-Claude Lauzon. Frente a la gran cantidad de directores que hacen una película pensando que si no sale bien, vendrá una segunda oportunidad, Jean Claude parecía dirigir como si todos los recursos que se le ofrecían no fueran a volver a estar a su disposición nunca más. El ahora o nunca.

Analizar las razones que mantienen vigentes a la película y a su creador sería muy complicado. Hablar de la película en sí lo es, no sólo porque para mí es una película cicatriz, muy ligada a mi historia personal, sino porque se trata de un discurso que admite múltiples lecturas, todas ellas complejas, todas ricas y hermosas. Es como si Lauzon hubiera sabido que se trataba de su última obra y por ello mismo la filmara con toda la intensidad que le fue posible. No hay desperdicio. Cada uno de los elementos, fotografía, música, diálogos, estructura narrativa, todos fueron elaborados con minuciosidad pasmosa, siguiendo la lógica de los sueños y la poesía. Imposible olvidar a ese niño que desde pequeño decide huir de la locura y la miseria familiar siendo Otro, reinventándose (Los que no creen más que en su propia verdad me llaman Leo Lozeau..., A partir de este sueño, exijo que se me llame Leolo Lozonne...); encontrando en el acto de escribir la libertad, la evidencia de que hay más vida de la que se puede abarcar. (...Bastaba con que me pusiera a leer o escribir para que Bianca viniera a cantar para mí. El domador tenía razón había un secreto en las palabras engarzadas...) En este sentido, “Léolo” es una película sobre la redención que implica la escritura, y sobre el fracaso de tal redención. Leólo no escribe para ser “escritor”, no ve en esa actividad un merito intelectual, no le interesa renovar la literatura ni integrarse a canon alguno; se trata de un acto vital que le permite abrir puertas hacia ese mundo soñado que es Sicilia y al cual pertenece. Y su gran talento lo consigue. El mundo se presenta de tal forma que sólo cabe reaccionar ante él. Nada de teorías. Desde el arranque comienza la película a golpear para derribar todas las posibles barreras que el espectador pueda crear. Nada de momentos de tregua, de guiños fáciles, de caminos trillados. Lauzon quita todas las señales e impide cualquier forma de orientación. Todo está creado para que no veas a Léolo, sino para que seas parte de él.

Las relaciones de amor odio con su familia, hace que Léolo los mire como culpables involuntarios de su tragedia, de su existencia a un nivel genético, su cambio de nombre a uno fonéticamente italianizado, que refleja la articulación de la realidad del niño a través del lenguaje, y su voluntad de huir con su vecina a Sicilia, donde cree que fue concebido por un tomate (sic), son síntomas de los traumas derivados del subconsciente de la mente de Leo (que es la de su director Lauzon, que confiesa haber confeccionado el guión a partir de elementos que nada tienen que ver), en una suerte de escritura automática de Breton y los surrealistas, y que dibuja el trágico retrato de la mente del director a través del niño. Nótese a este respecto la similitud entre los apellidos de ambos, director y personaje…No hay que ignorar el carácter autobiográfico del filme, Lauzon vivió su infancia en el ghetto francocanadiense, y perteneció a una familia que (al igual que la de Léolo) vio a todos sus miembros, salvo la madre, internados en el hospital psiquiátrico. El encuentro con “El domador de versos” también pertenece a la historia biográfica de Lauzon. El domador de versos, ese hombre afable y enigmático que aparece a lo largo del filme, hurgando entre la basura en busca de cartas y hojas de diario, de fotografías y apuntes sueltos, no sólo es quien introduce en casa de los Lozeau el primer libro que Léolo ha de leer ("L´avalée des avalés" de Rejean Ducharme), sino que también se convierte en una especie de ángel guardián que más que cuidar del niño camina a su lado. "...El domador cree que las imágenes y las palabras deben mezclarse en las cenizas de los versos, para renacer en la imaginación de los hombres..." Lauzon tuvo su domador, un importante director de cine canadiense que se convirtió en el tutor de aquel muchacho rebelde al que le bastaron 2 películas para pertenecer a ese impactante grupo de cineastas que ha ofrecido Canadá en las últimas décadas (Cronenberg, Arcand, que tiene un breve papel como director de la escuela de” Léolo”, Egoyan). Sin embargo Lauzon juega en otra liga, imposible relacionarle con las fábulas escatológicas de Cronenberg, o con el discurso intelectual de Arcand y Egoyan. Lauzon es poesía callejera, exorcismo.

La película avanza hasta presentar uno de los finales más demoledores del cine. ¿Iba Lauzon a permitir que su historia terminara de una forma plana? Como todos los buenos finales, este es definitivo para la historia pero abierto para la interpretación. ¿Qué significa ese Léolo en la bañera, cubierto de cubos de hielo? Ahí es donde el espectador tiene que empezar a trabajar su propia interpretación. Porque sueño no lo estoy. Se repite Léolo a lo largo de la película, negando así su realidad inmediata. Pero esta huída no sólo le alejará de su familia y su identidad sino que le llevará a un camino que se estrecha y oscurece tanto que ni el mismo domador de versos podrá sacarlo de ahí. Italia se desvanece, junto con Bianca, junto con la esperanza que Léolo sembraba en sus escritos, junto con los sueños que le salvaban de ser y estar. "Porque sueño no lo estoy. Porque sueño, sueño. Porque me abandono por las noches a mis sueños antes de que me deje el día. Porque no amo. Porque me asusta amar. Ya no sueño. Ya no sueño. A ti la dama, la audaz melancolía, que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio. Tú que atormentas mis noches cuando no sé qué camino de mi vida tomar... te he pagado cien veces mi deuda. De las brasas del ensueño sólo me quedan las cenizas de la mentira, que tú misma, me habías obligado a oír. Y la blanca plenitud, no era como el viejo interludio y sí, una morena de finos tobillos que me clavó la pena de un pecho punzante en el que creí, y que no me dejó más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad". Poco importa. Esta película que se merece un diez. Sin duda. Una referencia a la que acudir una y otra vez. Una película que siempre dejará corto cualquier análisis. Una película que hay que ver.

"Una de las voces narrativas más cautivadoras que se hayan oido. Extraña, tierna, mágica, escatológica y durísima historia de un niño"

15 comentarios:

  1. Leólo. Su sola evocación me provoca un doble sentimiento: Escalofrío y gratitud. La he visto decenas de veces... entera, fragmentada. No es una película, es un lugar. Es un compendio del Celine de Muerte a Crédito tamizado por una imaginería deslumbrante, con una demoledora voz en off, trasunto de un niño conmovedoramente dotado para la ternura y la luz. El brutal proceso de degradación y locura está contado con una poesía y una belleza inefable. La familia como omnipotente castrador. La visión caleidoscópica de la infancia. El miedo como nuestro más intimo amigo, con sus crueles epifanías diarias.¡Qué amor por tus criaturas, admirado Lauzon....¡, ¡Que comprensión demuestras por los seres que buscan en un libro (que sirve para equilibrar una mesa coja) el misterio, el secreto que todos buscamos en el arte¡. Mi deuda es impagable e infinita.

    Andrés Estalvi

    ResponderEliminar
  2. Asombrosa, eso nadie lo puede negar. La verdad es q nada más verla me haría falta alguien que me explicase más de una cosa. Yo la veo como una metáfora de la lucha contra "el camino correcto" que impone la sociedad, o tal vez sólo se pretende mostrar una alternativa. Sea lo q sea, el niño está retratado maravillosamente. La narración (el diario) perfecta. Palabras de anciano para explicar lo q realmente ve un niño.

    Sully Torres

    ResponderEliminar
  3. Original, bello, triste y emotivo retrato de la infancia. Creo que toda la película no es sino una metáfora de como crecer, de como hacerse adulto, mata a las personas. Me gusta mucho el personaje protagonista, con el cual me siento muy identificado, así como la historia del hermano, conmovedora. Por cierto, un mensaje para quienes no la hayan visto: que no se dejen engañar por la portada de la película, porque esta no es una película que mezcle realidad y fantasía, tipo Amelie, y, aunque existen algunos toques oníricos, es de un estilo realista, y hasta descarnado por momentos.

    ResponderEliminar
  4. De casualidad encontre su maravilloso blog y me di cuenta que publicaron una crítica de esta obra muy personal y bastante bonita que conjuga con mucho acierto una buena puesta en escena (secuencias e imágenes ordenadas de un modo nada evidente que hace que apenas haya ninguna caída de ritmo), una gran cantidad de verborrea que nunca te resulta pedante ni inapropiada, y un fondo que no aprecias del todo la primera vez y que adquiere más y más sentido global según empiezas a darte cuenta de que toda la película está construida en torno al hecho de que Léolo quiera escapar de su inevitable (por genes) degeneración. También coincido en que el niño está muy bien retratado.

    ResponderEliminar
  5. Una obra maestra absoluta. El retrato más poético y fascinante de la infancia jamás hecho. Una película que atrapa desde el primer instante y te leva a un mundo de magia e imaginación, donde Léolo se evade de su mísera vida y su familia. Es sublime, inteligentísima, llena de metáforas y mensajes al espectador (como la del miedo del hermano de Léolo), un filme de extremada belleza y lirismo (todas las referencias a Bianca, preciosas, la música, todo) en contraste a la dureza de otras escenas.
    Jean Claude Lauzon debía tener una gran sensibilidad, su prematura pérdida es muy triste. Recomiendo mucho esta película

    ResponderEliminar
  6. Puede ser una pelicula entrañable, pero tampoco es tan cruda como han dicho por ahi, se puede ver tranquilamente. Leólo Lozone, briendo un gran tesoro. Y hablando de su querido abuelo, veo un poco exagerado al final cuando leólo le intenta ahogar con una soga y el abuelo subiendo y bajando por la pared porque Leo no podia con su el niño soñador, como cuando le saca de los nervios a su "querido" abuelo y este le intenta ahogar en la piscina de plástico de jardin, y Leólo se imagina que esta en el fondo del óceano descupeso. Ya con eso el abuelo tenia que haberse muerto, pero por la magia del cine sigue vivo. Su pobre hermano al que todos se metian con el cuendo era pequeño, se pega años sacando musculos para poder defenderse, pero aún asi no es capaz de matar ni a una mosca.

    Juan Espinoza

    ResponderEliminar
  7. Hace muchos años la vi, y me impresiono gratamente, me gusto muchisimo, pero con los años no he vuelto a verla y se me esta olvidando, pero creo recordar que era una de las más grandes películas que ha visto nunca, y por ello aún me acuerdo. Obra maestra. La escena del tomate y del gato geniales. (natalia reyes).

    ResponderEliminar
  8. "Léolo" es una película fascinante, hipnótica, onírica y realmente valiente e insólita. Nada es convencional en ella, y el espectador que la descubra sin información previa quizá quede desconcertado en un primer momento por esto mismo, pero si éste es inteligente y tiene un mínimo grado de sensibilidad y romanticismo (del de verdad), crecerá en su cabeza obsesivamente durante muchos años, obra maestra , pero no apta para todo tipo de mentes ni estómagos, pues contiene escenas escatológicas y desagradables, llenas de suciedad, crueldad y desesperanza, para subrayar la sórdida y mediocre realidad en que vive Léolo, uno de los más maravillosos y enamorables niños de la historia del cine, en contraste con el mundo poético que habita en su cerebro, con su Italia... y su Bianca.

    ResponderEliminar
  9. Está bien visto tener en consideración alta películas como esta (entre los círculos mas intelectuales) pero yo voy a discrepar. No hay un camino claro en la narración, todo en ella es feo y repugnante, nada bueno le ocurre al protagonista que es lo único adorable de la misma, y ante este carnaval bizarro, yo me planto y me surgen unas preguntas.
    ¿A donde va?. ¿Que emociones se supone que me tienen que producir la historia?. ¿Que me cuenta?. ¿Cual es el motor de la narración?.
    La conclusión a la que llego es que el motor de la película es el propio camino extraño que recorre Léolo a lo largo de su vida, el problema es que el conjunto me interesa poco y me cansa bastante, lo único que la salva es su innegable originalidad y estilo pero con eso solo no se mantiene el interés durante mas de 100 minutos.

    ResponderEliminar
  10. Debo reconocer que no me sorprende lo más absoluto que tantas miles de personas estén atrapadas por “Léolo”, no estamos precisamente en la Ilustración. El subjetivismo, el teatro del absurdo, el feísmo, el emotivismo, el individualismo, la irracionalidad... lleva la delantera en el ¿arte? desde hace varias décadas. Y no se va a detener, cada año inauguran más museos de arte contemporáneo, hay más artistas que nos enseñan sus mierdas en galerías y sin embargo no hay ni el 2% de artistas que merezcan la pena teniendo 2.000 veces más de ellos que en el siglo XVIII.

    Que la película es pervertida... da igual, en realidad es poesía onírica. Y se lo creen.

    Que la película es de mal gusto... da igual, todas y cada una de las escenas están justificadas. Y se lo creen.

    Que la película no tiene guión... sí lo tiene, y si no es así, es que retrata un mundo de ensoñación donde las coordenadas racionales se diluyen. Y se lo creen.

    ResponderEliminar
  11. EXCELENTE BLOG MI HERMANO!! MUY BUEN MATERIAL, FELICIDADES!!!

    VISITARAS MI BLOG PARA QUE MIRES MIS TRABAJOS (SHORT FILMS):

    http://oniricosis.blogspot.com

    ResponderEliminar
  12. Desde el principio se ve que esta es una película dirigida a los pseudo intelectuales, a los que un pedazo de bosta pegado en la pared, les parece algo artístico. Solo un ejemplo.
    No conmueve, simplemente da asco. No es cine, ni teatro, ni deporte, es simplemente una ventosidad en la cara del idiota que pagó la entrada para ver este engendro.
    En un mundo justo, el director de la película tendría que estar preso.

    ratis1989@hotmail.com

    ResponderEliminar
  13. Tan cruda como "Germinal" de Zola, Léolo nos habla del refugio que crea el protagonista para evadirse de una realidad cruel, sucia y paupérrima que se cuela por todos los rincones hasta destrozar al propio protasonista. Una historia bella y onírica, poética y trágica donde la realidad mata.

    ResponderEliminar
  14. Es entretenida y fascinante, me lleva a recordar los muchos sueños en mi infancia y como yo me aferraba a creer que si podían ser realidad.... Y además es el tipo de cine que me gusta sin ficción, sin muertos ni crueldad pero realista en mucho de su contenido. Simplemente me agrada verla,

    ResponderEliminar
  15. Hola!

    Os recuerdo que la banda sonora nunca se llegó a publicar por un problema de derechos de autor. Por suerte la tenéis recopilada en mi blog, me he basado en los créditos de la pelicula, con lo que es exactamente la música que aparece en la película, aunque no en el order que al director le hubiera gustado, sino en el mio.

    http://melomanovariopinto.wordpress.com/2012/03/11/leolo-1992-banda-sonora-original-recopilada-por-guillermo-roig-2009/

    ResponderEliminar